Sonrisas como la tuya me alimentan

Sonrisas como la tuya me alimentan, sí, ¡cómo la tuya!, que no te conozco y te encuentro en mitad de la acera o al entrar en un lugar. Aunque llevemos mascarillas yo al menos he aprendido a sonreír con la mirada, que también se puede. Y con la voz… y con los gestos…, y así impregno mis: «¡Buenos días!» o «¡buenas tardes!» de otra sintonía.
Porque entiendo que todos tenemos días difíciles y todos agradecemos amabilidad. Todos somos capaces con mayor o menor esfuerzo, si queremos, de ponernos en el lugar del otro, incluso por nosotros mismos. No cuesta tanto sonreír, como siempre digo, no te pido que te rías, que sería genial si el cuerpo te lo pide y espero que mucho, digo de emitir la mínima señal de empatía, el beneficio, sin duda, supera el esfuerzo de sonreír por encima de las circunstancias. Unos días seremos nosotros quien sonriamos más y otros nos sonreirán a nosotros haciendo que al menos, en ese instante, el día haya sido un poco más amable.